Cuba 2 – 2006
La comida cubana es famosa. ¿A dónde recibir
el 2006?
Fuimos a varios restaurantes famosos. Imposible. Las tarifas
eran de unos 600 a 700 pesos mexicanos. Nosotros no teníamos
esa cantidad para gastar ni en todo el viaje.
Hay dos monedas en Cuba, los pesos cubanos y los pesos convertibles
que sólo son para los turistas y pueden ser usados (supuestamente),
sólo en lugares que dan servicio a turistas. Por un
billete de 20 USD, no descuentan el 20% de impuesto (o lo que
sea) y
de los 16 USD que quedan, nos dan 16 pesos convertibles.
Cayó la última noche del año y empecé a
sospechar que la pasaríamos en el hotel comiendo algo
en nuestro cuarto, pero…
- ¿Y que tal si aceptamos ir con nuestros amigos cubanos?
- Pues vamos dijo Dany, pero ¿les pagamos algo? No podemos
presentarnos así nomás ¿qué les
llevamos?
Nos salimos y empezamos a andar por las calles. Al ver un
súper,
se nos ocurrió entrar y… ¡claro! una despensa.
Emprendimos la marcha hacia la casa de nuestros amigos. Ya
sabíamos
cómo llegar.
Eran las 9 e la noche cuando tocamos la puerta. Alguien bajó por
las estrechas escaleras del derruido edificio, a abrirnos.
En la Habana todos los edificios están derruidos; parece
una exageración, pero quiero decir que no han recibido
mantenimiento en 50 o 60 años. Parece como una ciudad
bombardeada y en cierta forma lo es, lo ha sido. Hay edificios
en que un día la gente ya no puede seguir habitándolos
pues las escaleras se caen y no pueden subir a sus casas. Entonces
el gobierno los cierra y les da otro lugar para vivir.
Era nuestro amigo, el cual se sorprendió mucho y se alegró.
- ¡Bienvenidos amigos mexicanos! Ya estamos cenando
pero pasen, nos da mucho gusto que hayan venido.
Entramos. Estaba la familia reunida. Saludamos y entregamos
a nuestra amiga, la despensa.
- Trajimos esto en gratitud por todas sus atenciones.
Ni corta ni perezosa abrió las bolsas y sacó su
contenido. Notamos una expresión que no le habíamos
visto durante el término de nuestra corta amistad. Cada
cosa que sacaba merecía una exclamación suya, levantaba
el producto y abría los ojos con cierta desmesura. Pero
cuando sacó los litros de leche que venían al fondo… creo
haber visto que una lágrima de estremecimiento rodó por
sus mejillas. Nos agradeció repetida y muy sentidamente
nuestro regalo.
Todo depende donde estés parado.
En Cuba un empleado promedio gana 100 pesos cubanos; el litro
de leche vale 5.
No lo sabíamos. Entendimos que casi llorara de alegría.
Tienen derecho a un bono mensual de comida que incluye 1kg de
arroz, una libra de frijol y una de carne, algunos litros de
leche si hay niños, entre otras cosas.
Sandra, porfa toma las cifras con mucha reserva. Tengo que confirmarlas
con Emi y Dany.
Si dudamos ir con nuestros amigos es porque no teníamos
ninguna certeza de cómo nos íbamos a regresar.
Así se los platicamos, pero nuestro amigo nos dijo que
el tenía a su vez varios amigos que hacían disimuladamente
servicio de taxi con sus autos muy antiguos y que el vería
cómo pero nos conseguiría uno oficial o no.
No todos los autos son de los años 50 o 60; hay taxis
que son de los 90 y de marca Mercedes Benz. Provienen de donativos
o aportaciones de países europeos.
Ellos fueron muy amables; fue una gran experiencia convivir
con una familia. Sin embargo no notamos lo mismo en las generaciones
jóvenes que estaban en la mesa ¿por qué?
Hmmm… no lo sé.
Quisimos salirnos temprano; nos despedimos y nuestro amigo
salió con
nosotros a buscar transporte. Era la una y media de la madrugada
en la Habana.
- Qué bueno que se animaron a venir. La pasamos muy bien.
Para nosotros los cubanos no hay diversiones. Hay tres canales
de TV, pero siempre está Fidel en ellos. Nuestra única
diversión es platicar con los turistas que vienen a
la Habana.
Hizo intentos de localizar a algún amigo seudo taxista,
pero no tuvo éxito.
- Caminemos hacia la avenida y ahí seguro encontramos
algo.
Caminamos 6 cuadras; nos fue platicando.
Finalmente encontramos un taxi. Nos despedimos. Nosotros
salíamos
de regreso a México en unas horas.
Nos abrazamos.
Ya dentro del taxi, él metió la cabeza por la
ventanilla para decirnos.
- Muchas gracias amigos mexicanos. Hace cinco años que
no veía tan feliz a mi esposa.
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