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Salvemos la Reforma Escolar
Por Jesús Mastache Román
Prof. De Técnica de la Enseñanza en la
Escuela Normal Superior
Nota: No hay certidumbre de la fecha en que fue escrito este Artículo y no se tiene información del medio en el cual fue publicado.

Los fastos de la Historia Universal acogerán con gesto amoroso, el año de 1945, porque presentará el estruendoso desquiciamiento de las demoníacas ambiciones de un partido sanguinario que estuvo a punto de sojuzgar todas las libertades conquistadas con sacrificios humanos a través de numerosos siglos. La fecha citada señala la terminación de un mundo y anuncia, a la vez la gestación de otro.¡Bienvenido el mundo del futuro!
Este mismo año será para nuestro país de doble significación: por una parte el fin de la guerra más cruenta; por la otra, un torrente de hechos de los cuales destacamos la campaña alfabetizante y la reforma escolar.
Los aspectos de esta transformación metodológica son numerosos; sin embarguen en todos ellos se presiente la auténtica preocupación pedagógica. Los técnicos, los no conformistas en la sana acepción de esta expresión, los progresistas, los maestros todos, todos los padres, todos los que amamos a México y a sus nuevas generaciones, debemos reafirmar, divulgar, en suma defender, la reforma de la enseñanza porque es científica, porque es profundamente humana y comprensiva, porque rendirá generosos frutos.
Hace mucho que no presentábamos iniciativas, ya en esta fecha realizándose, de tan alta envergadura. La empresa es grave, porque arremeta contra la tradición pedagógica; necesaria porque vientos históricos nuevos soplan por el mundo; generosa porque es salvadora; técnica porque se inspira en las conclusiones de la pedagogía moderna y las ciencias auxiliares de ésta.
Empero sería una actitud casi servil la del interesado panegirista, porque revela incondicionalidad, ciega sumisión o incapacidad para sugerir mejoras. Junto con el deber consciente de defender la reforma escolar, tenemos el de criticarla para superar sis inevitables defectos. ¡Solemne responsabilidad para las autoridades y para el magisterio nacional! Va a ser la piedra de toque que revelará la capacidad de renovación superadora de los maestros mexicanos; va a decidir en buena parte, el porvenir técnico de nuestra educación.
La iniciativa exhibe numerosos aspectos de positivo interés. Trataré en una serie de artículos, de divulgar sus fundamentos científicos, las dificultades que hay que vencer y algunas iniciativas que pueden ser útiles.

EL ESTUDIO DIRIGIDO
El estudio dirigido es uno de los elementos de la reforma escolar de más positivo valor. Significa que los maestros de las escuelas secundarias tienen la obligación no sólo de enseñar “su” materia sino la de enseñar a estudiar.
Pero ¿es que no saben estudiar los alumnos de las escuelas primarias, secundarias, preparatorias, normales y aún de las facultades? Los siguientes datos ofrecen la respuesta:
1º.- Existe una técnica de estudio en cuya elaboración han cooperado la psicología, la higiene mental, la pedagogía, la técnica de la enseñanza y otras disciplinas científicas auxiliares.
2º.- El conocimiento y aplicación de una técnica implican el dominio de los métodos, procedimientos y medios respectivos para obtener los fines de cualquier trabajo, con el mejor resultado, el mínimo de gasto de fuerzas, en el más breve tiempo y por los medios más sencillos.
3°.- La técnica de estudio, que es o debía ser uno de los mejores instrumentos al servicio del escolar, no ha sido motivo de enseñanza y aprendizaje sistemáticos hasta hoy.
4°,- El matiz intelectualista que exhibe nuestra enseñanza, por tanto, el alejamiento de la vida real, el recargo pragmático, el exagerado esfuerzo que se exige a los alumnos y los procedimientos antipedagógicos que desgraciadamente todavía se ponen en práctica en deplorable proporción, hacen del aprendizaje una actividad molesta, deprimente y algunas veces hasta odiosa.
5.- Las escuelas de todos los tipos han descuidado una de sus primordiales responsabilidades: que los alumnos aprendan a estudiar de acuerdo con los métodos más eficaces. Este es el testimonio de varios profesionistas y maestros que no hace mucho pasaron por las aulas de las escuelas secundarias, preparatorias y profesionales; este es también el testimonio de los actuales estudiantes de las escuelas superiores cuyos procedimientos no describo porque a todo observador le constan.
6°.- Las numerosas investigaciones practicadas por psicólogos y pedagogos, son concluyentes: los estudiantes han revelado desconocimiento de los métodos, procedimientos y medios más eficaces para alcanzar mejor éxito con economía de energías y tiempo. Esto es explicable puesto que la técnica de estudio ha sido elaborada con el concurso de varias ciencias; ahora bien, no puede suponerse que los estudiantes de primaria hasta los de preparatoria, sean poseedores de los principios, métodos, procedimientos, hábitos y actitudes que aquella implica.
Si a estas circunstancias deben agregarse las condiciones materiales y culturales del hogar mexicano predominante que son desfavorables para el estudio y la meditación: carece del mínimo de cuartos necesarios para satisfacer las necesidades de la familia, no tiene luz y ventilación apropiadas, tampoco buena temperatura, amplitud y moblaje apropiados.
Los miembros de numerosas familias dejan de verse durante el día; se reúnen por las noches cansados, preocupados, asténicos, incapacitados para entregar más energías a la solución de otros problemas. Y su descanso, su sueño, no es reparador, más biem la intoxicación se asocia a otros factores de debilitamiento; en efecto en una o dos recámaras, estrechas, mal ventiladas, sucias y de moblaje inadecuado, se hacinan numerosas personas respirando una atmósfera viciada. A esto agréguese la mala alimentación y algunos vicios y podrá contemplarse el deplorable panorama de la familia mexicana.
Las condiciones de incomodidad, miseria, fatiga o ignorancia que deprimen a la familia mexicana impiden que el niño y el adolescente reciban ayuda intelectual adecuada en el hogar. Muchos maestros esperamos más de los padres, pero razonamos de modo simplista y subjetivo, porque nos olvidamos de la dolorosa realidad que viven. Además los padres tienen derecho a descansar.
Pocos son los casos en que éstos proporcionan ayuda a sus hijos para resolver las dificultades; por lo general, la intervención de aquellos o de los hermanos mayores del alumno, es de escaso valor educativo y hasta perjudicial, porque o son ellos los que resuelven la dificultad, la tarea, el ejercicio, lo cual es inmoral y antieducativo, o emplean procedimientos anticuados, o defectuosos que perjudican el proceso de aprendizaje iniciado por el maestro y crean situaciones de confusión en lo alumnos. Es por tanto aconsejable que los padres no participen de modo directo en la enseñanza de su hijos, limitando su intervención a favorecer la buena formación de hábitos, actitudes e ideales de estudio.
Lo expresado anteriormente nos lleva a esta conclusión: LAS CONDICIONES MATERIALES, SOCIALES E INTELECTUALES DEL HOGAR MEXICANO NO FAVORECEN AL ESTUDIO EN CASA, NI A LA FORMACIÓN DE LOS HABITOS Y ACTITUDES CORRESPONDIENTES.
Ante estos hechos resultan injustas y hasta ridículas las severas actitudes de algunos maestros que fieramente acometen contra jóvenes a quienes califican de inconscientes. Ellos se imaginan que en la casa de éstos existe una buena biblioteca, una sala de estudio cómoda, silenciosa y bien iluminada, que su alimentación y salud son insuperables, que tienen padres ociosos, solícitos y cultos, preocupados principalmente por los problemas educativos de sus hijos.
Cuando la desnutrición es palpable, cuando no hay alumbrado y donde estudiar, ni se tienen útiles escolares, cuando el padre y la madre se encuentran fuera de la casa durante la mayor parte del día, en su trabajo, entonces los incomprensivos, los partidarios del deber como un mandamiento sacrosanto o una entidad “abstracta” y fatal, procederían como sus víctimas o de peor modo: no estudiarían, no harían sus tareas, padecerían complejos y resentimientos, serían rebeldes contumaces, golfillos incorregibles.
No es menos ridícula la condenación de los moralistas que denuncian con estridencia de profetas la disolución del hogar. Las características del trabajo moderno y de la habitación familiar explican por qué los adultos, los jóvenes y adolescentes de ambos sexos permanecen en sus casas lo menos posible. La angustia que sufren la distraen vagando por las calles, parques, salones de baile, cines, etc.
La educación postprimaria no recibirá notables beneficios del moralista intransigente, ni del enseñador de inhumana exigencia, tampoco del profesor cómplice. Muchos hemos tenido ocasión de contemplar con indignación la actitud jactanciosa de algunos enseñadores que exhiben su estulticia cuando a voz en cuello proclaman que de un grupo de 50 alumnos sólo pasaron 20. Estos son inquisidores, no maestros: el Estado debía reducirles o cesarles porque no cumplen con la misión que se les ha encomendado: que los alumnos aprovechen, que aprendan. Esto es semejante al médico que se envaneciera de haber curado únicamente a 20 enfermos de 50 que lo consultaron. El caso de los profesores cómplices adquiere perfiles inmorales y forman una gran variedad: desde el que califica influenciado por su emotividad hasta el que dicta los cuestionarios pocos días antes de practicar la prueba. La renovación superadora de la educación puede planearla y realizarla, únicamente la consciencia técnica.
El conocimiento de las condiciones sociales y económicas de los niños, adolescentes y jóvenes suscitará mayor simpatía y comprensión de sus problemas para buscar las soluciones adecuadas.
Estos hechos, revelan sin lugar a duda, que la escuela es el mejor sitio para el estudio y que bajo la guía del maestro el alumno podrá aprender la técnica adecuada, lo cual garantizará, en gran parte el éxito de los alumnos.
De aquí que la Sría. De Educación haya aumentado el presupuesto de las escuelas secundarias para agregar más horas a la enseñanza de la mayoría de las asignaturas, prolongando la jornada escolar y suprimiendo las tareas escolares a domicilio.
Pero el magisterio nacional ¿acogió con entusiasmo esta innovación? ¿la ha comprendido plenamente? ¿está debidamente capacitado para realizarla? ¿se están poniendo en práctica los procedimientos más adecuados? ¿se han movilizado todos los recursos técnicos para el buen éxito? ¿qué participación científica y responsabilidad moral deben fijarse a los centros de cultura pedagógica como las escuelas normales y la Normal Superior? Trataré de contestas éstas y otras graves cuestiones, en el próximo artículo, con equidad técnica y objetividad comprobable.



 
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