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Los Lienzos de San Juan Cuauhtla, Puebla

Los Lienzos de San Juan Cuauhtla, Puebla
Por María Teresa Sepúlveda y Herrera
2005 CONACULTA
Miguel Angel Porrúa

 
La historia que yo tengo que relatar sobre este Lienzo, inicia cuando hace ya varios años, participé en la clasificación del acervo de Códices Mesoamericanos del Instituto de Antropología. Estuve participando por muchos meses y aprendí mucho. Pasaron por mis manos muchos y maravillosos Códices y Lienzos.

Finalmente, hubo uno que llamó mi atención. Era un Lienzo sencillo fácil de entender e inclusive tenía anotaciones en Náhuatl (en ese tiempo estaba yo tomando un curso de Náhuatl) lo cual lo hacía más accesible.

Me dije: este es el que voy a escoger para estudiarlo pues es muy sencillo de abordar.
Tiempo después, me di a la tarea de investigar. Se trata del Lienzo de San Juán Cuauhtla, Puebla.

Me di a la tarea de buscar en donde se encontraba San Juan Cuauhtla, así es que me fui al INEGI a comprar todos los mapas y todas las estadísticas que existieran sobre el lugar. Cual sería mi sorpresa de que no aparecía tal población en ninguna publicación del INEGI; vaya, ni siquiera en un mapa. Nada.


Bueno, si esto está en Puebla, pues voy para allá. Llegué primero a Tehuacán, en donde empecé a preguntar, pero nadie sabía del lugar. Acabé en el cuartel de la Región Militar asentada en Tehuacán. Pedí hablar con el Jefe de la Región Militar, el cual un poco sorprendido y un poco incómodo me recibió y me dijo que para qué quería ir yo allá.
Le dije de mi investigación y le platiqué del Lienzo y de la información que yo quería recabar allá. Con más decisión me interrumpió y me preguntó ¿Para qué quiere ir allá? ¿Quiere averiguar quien siembra marihuana? Yo se lo digo, pero no vaya es muy peligroso. Hasta ahí llegó su cooperación.


Bueno, me dirigí a la Ciudad de Puebla y ahí recorrí todas las instituciones relacionadas. Nada.
Finalmente en una pequeña dependencia estatal alguien me dijo: si como no, sabemos en donde está San Juan y tenemos un buen chofer que la llevará hasta allá. Pues gracias a ellos al día siguiente a las 7 de la mañana salimos para la zona.
Luego de algunas horas de transporte, llegamos a Coyomeapan y el chofer me dijo: bueno, hasta aquí llego porque yo no puedo entrar a San Juan por problemas entre las dos poblaciones. Así es que me di a la tarea de encontrar en donde quedarme. Fui con el dueño de la tienda, el ganado, el teléfono… y pude arreglar quedarme ahí. El me dijo que había un transporte una vez al día y que salía muy temprano a San Juan.

A las cinco de la tarde se nubló el pueblo con una niebla intensa y empezó a hacer mucho frío. Yo pude sobrevivir gracias a que me tocó compartir una cama con tres niños a los que me acerqué para tener un poco de calor. Dormimos los cuatro como tacos.
Al día siguiente, muy temprano tomé el transporte hacia San Juan, pero en el bosque a la mitad del camino nos interceptó una camioneta de la cual se bajaron dos hombres que se dirigieron a nuestro transporte y desde afuera gritaron: ¿es aquí donde viene la maestra? Yo respondí: si, soy yo. Pues bájese que nosotros la vamos a llevar.


Bueno, ni modo… me bajo. Me llevaron al poblado y me metieron a la casa de un señor dueño de la tienda de la localidad, del ganado, del teléfono de… Bueno de todo. Se presentó y me dijo que qué quería. Yo le expliqué de mi investigación. Ah, lo que quiere usted es ¿hablar con gentes del lugar? Mandó a sus empleados que trajeran a cuatro ancianos del lugar. Se sentaron y pude hablar con ellos y les mostré el Lienzo. Se quedaron sorprendidos y dijeron algo entre ellos: águila no… águila no… Pero ¿qué querían decir? No quisieron hablar más y se despidieron.
Esa noche el dueño me asignó un cuarto y cuando me fui a descansar, me di cuenta de que lo cerraban con un colchón y una tranca.


Bueno, yo no podía desperdiciar la oportunidad de hablar con más gente, así es que decidí ir muy temprano a ver al párroco. Nueva sorpresa. Cuando quise ver si podía mover el colchón (puerta y tranca), oí el gruñido de un perro que me estaba cuidando. Pero no me di por vencida; yo iba preparada pues llevaba tortas. Entones hice un pequeño hueco y… perrito, perrito, toma un poco de torta. Se acabó dos tortas luego de lo cual ya éramos amigos. Me escapé y me fui a ver al párroco. Hablé con algunas personas y al salir de la iglesia me encontré con los hombres del dueño, la camioneta y mi maleta dentro. Me dijeron: súbase la vamos a llevar de regreso a Coyomeapan.

Bueno, pues ahí se acabó mi visita.

Visité las poblaciones aledañas que también son mencionadas en el Lienzo y recabé mucha información.

Meses después y luego de muchas visitas al Archivo General de la Nación, un día en que los empleados tenían mucho trabajo y yo esperaba a que me dieran un documento antiguo que había solicitado, como ya me conocían muy bien, me dijeron: maestra, mejor pase y consúltelo adentro para que no siga esperando, porque tenemos mucho trabajo.


Así es que entré, me indicaron la caja y ahí adentro me encontré sin clasificar el segundo Lienzo que los ancianos de San Juan recordaban porque tiene un águila.

He seguido el camino y los eventos que sucedieron para que este documento llegara a esa caja y ahora sé que fue a raíz de una reclamación de linderos, que los pobladores de San Juan entregaron el Lienzo a las autoridades agrarias de hace 40 años y que las autoridades lo tenían arrumbado junto con los reclamos y oficios burocráticos. Alguien lo descubrió y lo entregué al AGN en donde alguien más lo depositó en una caja de documentos, misma que esa tarde contra todos los procedimientos oficiales, me autorizaron a acceder.


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